miércoles, 25 de junio de 2008

estéticas consagradas y marginales de Manuel Puig

“ESTÉTICAS CONSAGRADAS Y MARGINALES. ALGUNAS HIPÓTESIS SOBRE LA PRODUCCIÓN ÉDITA E INÉDITA DE MANUEL PUIG”*


por Julia Romero

(Universidad Nacional de La Plata)

Publicado en Encuentro Internacional Manuel Puig (Amícola -Speranza comps), Rosario, Beatriz Viterbo, 1998.

1- El modelo de lo real: Puig, entre Aristoteles y Brecht

Los modos de representación en la producción central[1] de Puig han sido interpretados con diferentes sentidos: el uso que Puig realiza del melodrama, macrogénero que “particulariza” a través de los diferentes modos discursivos como el cine y la canción popular (bolero, tango, etc), ha permitido lecturas que se diversifican en una gama que va de la identificación consolatorio-folletinesca hasta la decodificación paródica. Este espectro de lecturas, creemos, es propiciado por estrategias estéticas que modelan su escritura entre los límites genéricos. El melodrama hollywoodense se devela en una estética de la copia que se dispone a traicionar cuando el escritor decide sus comienzos. De los guiones iniciales - Ball Cancelled, Summer Indoors y La tajada - a La traición de Rita Hayworth se constituye un programa que se define cuando determina la conversión de una estética en una poética: a la copia del cine de Hollywood - copia de lenguaje, intrigas melodramáticas, temáticas, productos Kitsch[2] - se le suma la regulación de las leyes que integran una teoría artística, cuya rúbrica ostenta el borramiento de las clases de arte. Si en los guiones preliminares aparecen ya tematizadas estas cuestiones, en La traición aparecen ligadas a una decisión, a una puesta en escena de repertorios que constituyen un programa de escritura en el cual las formas denominadas “populares” se cruzan con expresiones de la llamada alta cultura, y junto a ellas componen una transgresión: se borra la distinción, el modo clasista de apropiación, producción y reproducción. En el plano lingüístico, esta característica está marcada por el pasaje de la transcripción del lenguaje hablado que mantiene las diferencias de origen de clase en La tajada, - inmediatamente previo a su primera novela - al proceso de estilización, de trabajo artesanal con el lenguaje. Es el momento en el que el proceso de hibridación había comenzado, el momento en que Puig encuentra un estilo, entendido éste en oposición a la moda, en su connotación minoritaria y de marginalidad (Echavarren, 1996). Puig, entonces, otorga visibilidad a una zona de la cultura que refiere modos de ser, identidades que desarticulan las reglas del consenso.[3] Inventada su propia “voz” - en Puig, su propia poética - el escritor produce textos que encuentran su articulación en esos límites: entre la novela rosa, el melodrama, y el policial, entre el cliché, el camp y la parodia. Antes de ese comienzo, los guiones -orígenes de su escritura - no establecían una distinción con la estética hollywoodense. Después, la poética de Puig entabla una divergencia y una ostentación, una visibilidad que cuestiona desde la práctica de escritura los sistemas de sentido y el estatuto mismo de lo real.

A esa naturaleza doble, fronteriza, que se convierte en la marca de su escritura se refiere el escritor en 1985, cuando relata su experiencia en Cinecittà, en el período de plena vigencia del neorrealismo italiano:

“Yo estaba con el corazón dividido. Por un lado me gustaba la idea de un cine popular y de denuncia; pero me gustaba el cine bien contado, que parecía exclusividad de los reaccionarios. A todo eso me debatía con mis primeros guiones, que no conseguían ser más que copias de viejos filmes de Hollywood.” (Puig, 1985)

El relato continúa con una crítica a ese realismo que consideraba superficial, y para el que cualquier intento de estructuración resultaba sospechoso. De este modo relata que sus comienzos ocurren accidentalmente, cuando toma conciencia de que el conjunto de las habladurías de su tía referían otra cosa que las banalidades que contaba. El desvío fundante de su escritura es el desvío genérico del que sería su cuarto guión hacia la primera novela, y es el desvío de la voz que hablaba sobre lo real que se desplaza hacia la diversidad de realidades contadas por voces múltiples. Al modo brechtiano, lo que cuenta la literatura de Puig no descansa en la progresión, sino que se fragmenta en secuencias narrativas que se agrupan en un montaje. Si en los textos de Brecht la acción se interrumpe con comentarios de un narrador y se muestra que la representación no es sino un relato y una cita dentro del dispositivo teatral, [4] en los textos de Puig se cita el melodrama, y un narrador oculto lo inserta en un tejido que lo extraña y lo enseña a la vez. En ese vaivén que recorre su estética entre la mímesis y la identificación hacia el distanciamiento se debate su escritura, allí donde la consolación se confunde con su cuestionamiento.[5]

La construcción de la historia, del espacio, de los personajes, a partir del modelo de lo real se funda en el desvío. En los manuscritos de las dos primeras novelas se hacen presentes los nombres reales que se encarga de reemplazar, aunque en la sobreescritura esos nombres los refieren directamente: el lector en el que pensaba Puig para su primera novela era, en primer lugar, el lector de su pueblo. Esta característica de la referencia de lo real como matriz generadora de la historia es clara a lo largo de toda su producción más conocida: entre los manuscritos de El beso es posible leer listas de nombres que revelan la forma de reflexión en la construcción de los personajes,[6] planos que bocetan la cárcel de Villa Devoto, apuntes de las entrevistas realizadas a ex-presos políticos liberados por el indulto del gobierno de Cámpora, en 1973 y hasta una anotación que revela hasta qué punto el escritor trabaja con el detalle de la realidad: en el capítulo XV de El beso, cuando se describe el itinerario de Molina, ya fuera de la cárcel se lee en el margen: “los nombres de las calles están en blanco, necesito ver un mapa para checar.”[7]

Junto a estas características hiperrealistas que subyacen a la escritura, es posible descubrir la fascinación por la irrealidad que ya estaba presente en su gusto por los melodramas de Hollywood. A partir de El beso de la mujer araña Puig se deja seducir también por su contracara: el thriller, abre una línea de escritura que desarrolla simultáneamente, al lado de la producción central de su novelística y donde la referencia - velada - de lo real se diluye hacia el fantástico y la alegoría.

2- Una nueva matriz estética

Concluido El beso de la mujer araña, ya en el exilio, entre México y Nueva York, Manuel Puig adapta una novela corta de Donoso El lugar sin límites,[8] y luego comienza a escribir el guión basado en un cuento de Silvina Ocampo - “El impostor”, al que denominará “La cara del villano”.[9] Es justamente en esa época, cuando tiene lugar la configuración de una matriz estética que, al margen de la estética de las novelas, Puig comienza a ensayar.

El modo de este nuevo cruce se produce con una fascinación:

La mujer araña empezó con una estructura inicial que cambió. Al principio no iba la película de la mujer pantera y había una introducción más corta, con una discusión sobre Drácula, una cuestión así. Y en esos días que yo empezaba a escribir, dieron por la televisión americana, en Nueva York - estaba en Nueva York haciendo una investigación en la biblioteca sobre propaganda nazi (en la biblioteca de la calle 42 tienen todo eso pasado por el filtro de Franco, está todo traducido para los franquistas, para aplicar ellos los recursos)-, estaba viendo eso, para prepararme para la película alemana en la novela y apareció en la televisión de Nueva York “Cat People”, la película de la mujer pantera. Y me resultó absolutamente irresistible. Aquí está todo. Todo en esta película me ayuda para introducir a los personajes, es ideal.” (en Amícola, 1992).

La narración de este hallazgo es la narración de un nuevo comienzo, que se pronuncia por otro arte narrativo y otra magia: el género fantástico que Puig descubre fundamentalmente con el cine de Jacques Tourneur es el que propicia el hechizo de una estética que se le aparece como una nueva forma de generar rentabilidad narrativa y una nueva forma de representación. Si en The Buenos Aires Affair se cruza el caso policial, el sentimental y el psicoanalítico que Graciela Speranza encuentra en el modelo del cine de Hitchcock, en El beso de la mujer araña, ofrece el mismo cruce vinculado con la estética fantástica del modelo de Tourneur, donde aparece lo siniestro y el horror que había eludido prolijamente. El único film de terror referido en La traición de Rita Hayworth fue descartado. Se trataba de un pasaje relacionado con “Drácula”, de modo que en la versión édita de la novela , con excepción de dos relatos que cuenta Herminia - el film del Sr. feudal y “El loco” atribuido de forma apócrifa a Chéjov - lo siniestro se instala en la cotidianeidad de las relaciones humanas. (Romero, 1996, incluido en Puig, 1996).

El entusiasmo por el género lo induce a reconsiderar la estética de Silvina Ocampo, que como él, incurría en el gusto por “lo menor”. La nueva iniciación, sin embargo, no borra la intencionalidad estética de los comienzos de su escritura. Un designio emparienta entonces la literatura de Puig a la de Silvina Ocampo: el mal se exhibe en lo cotidiano y cuestiona el orden social. La representación de identidades fragmentadas familiarizan aquel film de Tourneur con el relato de Ocampo reescrito en el guión de Puig.[10] No creemos ajeno a este giro estético, relacionado con el fantástico, la intromisión del surrealismo que presenta analogías con la estética de Luis Buñuel, quien además había trabajado, en su etapa mexicana (1946-1961) sobre el modelo del melodrama, con la finalidad de subvertir sus contenidos ideológicos. “Belle de Jour” y Pubis angelical, la creación del cineasta y la de Puig- narran la fragmentación de identidades femeninas, el tránsito de los cuerpos que se erigen por sobre las fronteras del género y la nación.[11] Mientras algunas características de la escritura de Puig, entonces, atraviesan toda su producción, se va gestando un nuevo perfil estético que se hace más evidente a fines de la década del 70 - durante sus estancia en México - y que se acentúa en la última etapa, coincidente con la residencia del escritor en Brasil (1980-1990). Esta estética de nuevo tipo la desarrolla Puig en los textos marginales: los guiones y obras de teatro. “Serena”, un resumen cinematográfico inédito, de una veintena de páginas, es el punto de inflexión donde esa estética comienza a hacerse más evidente. Allí se desarrollan hiperbólicamente elementos que se encontraban anteriormente. La mirada proporcionada por el melodrama se transforma ahora en un personaje, un absurdo surrealista que cuestiona la posición de la cultura oficial. Allí embiste contra diversos mundos de órdenes racionales establecidos: en el primer cuadro el mundo del realismo socialista es ironizado a través de esta Mirada que, como entidad independiente, recorre “furtiva y desconfiada” el lugar donde “un pobre hombrecito” le canta un tango a una muñeca de trapo en un marco de miseria y decadencia. En ese escenario aparecen diversos estereotipos ligados al poder que asesinan al que sería la encarnación del sentimentalismo popular. Previamente “el hombrecito” canta letras de tango a su muñeca llamada Marilyn y la previene de no escuchar a los hombres, amenaza representativa del racionalismo oficial. A partir del segundo cuadro Serena, versión irónica de Malena, es la protagonista que padece las diferentes formas de sometimiento social: el lucro, la Justicia, el mundo del espectáculo, la prostitución. Todos imponen sus mitologías y transforman al personaje en múltiples subjetividades que la vuelven irreconocible hasta el absurdo. La historia culmina con una vuelta a su vecindad originaria, donde la protagonista “busca algo que no encuentra, desordena todo para seguir buscando. Finalmente encuentra una caja. Adentro hay un par de alas, se las coloca y vuela al cielo.” La relación de identidad y origen con la libertad queda hiperbólicamente ironizada en un final de resolución maravillosa.

Entre los textos inéditos de la última etapa, se ha encontrado uno inconcluso que permite dilucidar en las futuras líneas de trabajo la presencia de esta estética que hemos denominado marginal.[12] Ahora Puig recurre al cuento de hadas. Algunos esquemas narrativos permiten confirmar que sería una nueva novela. En esta historia el hambre en una aldea de pescadores inicia una historia fantástica, con claros cuestionamientos sociales matizados con ironía. Todo permite corroborar la idea de que aquella fascinación por el fantástico que había comenzado en la etapa mexicana continuaría su línea de escritura en la narrativa. El melodrama contenía ya en germen esa “mirada fantástica” de la realidad: los golpes del destino, la idea de fatalidad y los golpes de suerte no eran sino esa forma de no explicar, de carecer de una lógica de causa y efecto y de explicar los acontecimientos de un modo intimista y aparentemente apolítico. Durante el siglo XIX era el modo de expresión del sentimentalismo de los marginales y excluidos de la sociedad, el ascenso de la clase burguesa propició su desnaturalización convirtiéndose en una vía de representación pedagógica para el buen comportamiento de los ciudadanos. Si los comienzos modernos el género melodramático se había enfrentado a la ideología del Estado (Masiello, 1994), hacia fines de siglo se manifiesta como una de sus formas de control. Con Manuel Puig, ya en la última vanguardia de este siglo, el melodrama recupera su carácter popular: nuevamente los excluidos son los que se expresan. Amas de casa y niños, el revolucionario y el homosexual, el exiliado y el americano marxista, se encuentran en el melodrama de Puig, un lugar ideológico donde las historias de los excluidos toman un lugar de resistencia.

3- De la teoría de la composición a una teoría de la producción

Para la composición de su narrativa, con excepción de la primera novela y más visiblemente desde El beso de la mujer araña, Puig partía de esquemas narrativos que iban incorporando escrituras y reescrituras alternativas (textos argumentales, notas al pie, filmes) en un nivel de complejidad creciente.[13] Esa característica sella un modo de trabajo que puede advertirse también en el nivel de la producción total. A la par de la escritura de las novelas Puig producía textos que conforman matrices de espectáculos: los guiones y los filmes. En ellos se abre todo un espectro de géneros - el suspenso de Seven Tropical Sins (1986), el género homenaje en el musical Gardel uma lembranca (1988), la biografía de Claudia Muzio (1988-89) y de Vivaldi (1989), el film histórico en Jarama[14] - donde se teje una imagen de escritor que se oculta en el trabajo con la simultaneidad. Descubrir estas estéticas al margen de la consagración que significaron las novelas se traduce en la revelación de esa imagen y en otra forma de leer su inserción en el campo intelectual.


BIBLIOGRAFÍA CITADA

- Amícola, José, (1992), Manuel Puig y la tela que atrapa al lector. Buenos Aires, GEL, 1992.

- Buñuel, Luis, (1994), Mi último suspiro, Barcelona, Plaza & Janés Editores.

- Echavarren, Roberto, (1996), “El arte andrógino”, en: “La Hoja del Rojas”, Universidad de Buenos Aires. Año VIII, N° 73, agosto de 1996.

- Masiello, Francine, (1994), “Estado, género y sexualidad en la cultura del fin de siglo”, en: Ludmer, J., (comp.) Las culturas de fin de siglo en América Latina, Rosario, Beatriz Viterbo Editora.

- Puig, Manuel, (1985) Prólogo a La cara del villano. Recuerdo de Tijuana, Barcelona, Seix Barral.

------------------, (1990) Prólogo a I sette peccati tropicali. Milán, A. Mondadori.

- Romero, Julia, (1996), “Del monólogo al estallido de la voz”, incluido en Puig, M. Materiales iniciales para La traición de Rita Hayworth, José Amícola (comp.), Publicación Especial N° 1 de la Revista “Orbis Tertius”, Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria, Universidad Nacional de La Plata.

- Speranza, Graciela, (1995) “Puig y Hitchcock: psicoanálisis y folletín”, en: Espacios Nª 17, U.B.A., diciembre.

- Williams, Raymond, (1980) Marxismo y literatura. Barcelona, Ediciones Península.



* Como producto del relevamiento realizado junto con la profesora G. Goldchluk, dirigidas por el Dr. José Amícola durante dos años y medio, hemos clasificado y catalogado alrededor de 70 textos entre el material édito e inédito, con los cuales he podido fundamentar estas hipótesis. Mi interés se centró, en especial, en la relación de las fechas de producción con los movimientos del campo intelectual y la instancia de la recepción, tres facetas que conforman el objeto de estudio de mi tesis doctoral. Los textos que aquí se nombran, por tanto, se han elegido con un criterio paradigmático.

[1] La denominación “producción central/periférica” como “estéticas consagradas/marginales” aluden obviamente a la relación de las diferentes incursiones estéticas con los estados de campo y sus posibilidades de circulación. Cf. la concepción propuesta por Raymond Williams (1980): “un proceso cultural es considerado un sistema cultural en los que intervienen complejas relaciones entre los movimientos y las tendencias y en el cual se distinguen sistemas de sentidos dominantes, residuales y emergentes.”

[2] El Gran Ziegfield, de R. Leonard puede verse como la imagen de su estética, cifrada en el derroche de historias, escenografías y artificio.

[3] La moda es tradicional. aristocrática y autoritaria. Es el imperio del diseño concebido como el privilegio de una clase. El estilo es marginal, minoritario, viene de abajo, es el juego de la diferencia, la marca de una anomalía. “El pintor de la vida moderna”, de Baudelaire es la fuente más fecunda para caracterizarlo. (Echavarren, 1996).

[4] Es interesante ver como Pavis caracteriza la dramaturgia épica, donde “la separación entre lo citado y el citante jamás se oculta en beneficio de la ilusión. Citar es tomar distancia respecto de sí mismo.”(Pavis, 1980) Por otra parte Brecht también hizo uso de estereotipos para provocar una toma de conciencia en el espectador con respecto a los lugares comunes . Pavis cita La ópera de los tres centavos, que parodia la comedia burguesa de “happy end”.

[5] Distinguimos “consolación” de “evasión”. Considero que el mecanismo de la identificación, en Puig, enfrenta al personaje con su realidad de un modo desplazado, ya sea por similitud o por diferencia. Cf. la actitud de Mita ante la pérdida del embarazo del que sería su segundo hijo, en su habitación, a oscuras, y que piensa en prender la luz y leer Pablo y Virginia para poder llorar. O en Boquitas pintadas el contrapunto que entablan los pensamientos de Nené, entre el bolero y su realidad, que no descree, a pesar de la contraposición, del dogma romántico-metafísico.

[6] Existe un manuscrito, puesto a nuestra disposición por los herederos de Manuel Puig, donde el escritor realiza una lista de nombres de personas conocidas (incluidos nombres de críticos) entre los cuales elige uno entre esas posibilidades para conformar el personaje de Marta, la novia de Valentín.

[7] Esta anotación se lee en el segundo dactiloscrito conservado, en el primero, había un gráfico de las calles.

[8] La trayectoria de su incursión en el cine está relatada por el mismo Puig en el prólogo a “La cara del villano/ Recuerdo de Tijuana”(1985) como también en Premessa dell’Autore”, prólogo a I sette peccati tropicali, (1990).

[9] El guión fue encargado por el productor Barbachano Ponce y filmado por el director mexicano Arturo Ripstein con el título “El otro” (1985).

[10] Cf. el film Abismos de pasión (1953) , que es una adaptación de Cumbres borrascosas, la novela de E. Brontë. El film de Buñuel, basado en la novela de Joseph Kessel, le pareció a su director melodramática, pero bien construida. Ofrecía la posibilidad de introducir en imágenes algunas de las ensoñaciones propias de Séverine, el personaje principal, que interpretaba Catherine Deneuve,...”(Buñuel, 1994)

[11] Esta hipótesis está elaborada en un trabajo, aún inédito: “Buñuel y Puig: el mundo femenino fragmentado”.

[12] Escrito al dorso de las pruebas de galera de Maldición eterna a quien lea estas páginas y de la versión francesa de Bajo un manto de estrellas, lo cual ha permitido fecharlo en 1984.

[13] En mi trabajo Geneticismo y narratología: los relatos cinematográficos en El beso de la mujer araña de Manuel Puig ordené el material pre-textual y de investigación que Puig utilizó para construir las historias de Molina, así como los esquemas narrativos. Se incluirá en la edición geneticista de la novela, en la colección Archivos de la UNESCO.

[14] Un año antes había escrito Tango Musik, un guión completo que tiene algunos puntos en común con la estética de Gardel uma lembranca y de donde algunos núcleos argumentales inspiraron el film Naked Tango. Claudia Muzio, Jarama y Vivaldi serían tres guiones cinematográficos (el último fue el único terminado) escritos entre 1988 y 1989. Del primero se conserva un resumen de guión que se centrara en la vida de la cantante lírica, además de material de investigación que iría a incluir en el proyecto. Jarama es apenas un esbozo que se centraría en la guerra civil española. Vivaldi es el único de los tres que fue terminado y vendido a una compañía productora.

Puig, la seducción y la historia, por Julia ROmero

En: Cuadernos Angers-La Plata,año 1, Nº 1. U:F:R de Lettres, Langues et Sciences Humaines (Université d´Angers-France) y Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Universidad Nacional de La Plata- Argentina), pp. 145- 165

Puig, la seducción y la historia

por Julia Romero (U.N.L.P.)

“La cámara es mucho más que un aparato registrador, es una vía a través de la cual nos llegan los mensajes de otro mundo, de un mundo que no es el nuestro y que nos introduce en el corazón del gran secreto. Ahí comienza la magia.”

Orson Welles

Estilo y tradición

La construcción de un escritor implica la exhibición - en las prácticas de escritura como en las imágenes de escritor - de un sistema de inclusiones en los que es posible encontrar delineadas filiaciones y afiliaciones, operaciones que inscriben su origen. En el caso de Puig, el melodrama hollywoodense se devela en una estética de la copia que se dispone a traicionar cuando el escritor decide sus comienzos. De los guiones iniciales - Ball cancelled, Summer Indoors y La tajada - a La traición de Rita Hayworth - se constituye un programa que se define cuando determina la conversión de una estética en una poética: a la copia del cine de Hollywood - copia de lenguaje, intrigas melodramáticas, de temáticas, de productos Kitsch - se le suma la regulación de las leyes que integran una teoría artística, cuya rúbrica ostenta el borramiento de las clases de arte. En efecto, si en los guiones aparecen ya tematizadas estas cuestiones,2 en La traición aparecen ligadas a una decisión, a una puesta en escena de repertorios que constituyen un programa de escritura en el cual el bolero, el tango, el melodrama literario y fílmico se cruzan con expresiones de la llamada alta cultura, y junto a ellas componen una transgresión: se borra la distinción, el modo clasista de apropiación, producción y reproducción. En el plano lingüístico, esta característica está marcada por el pasaje de la transcripción del lenguaje hablado - que mantiene las diferencias de origen de clase en La tajada - al proceso de estilización, de trabajo “de laboratorio” del lenguaje.3 Es el momento en el que el proceso de hibridación había comenzado, el momento en que Puig encuentra un estilo, entendido éste en oposición a la moda, en su connotación minoritaria y de marginalidad (Echavarren, 1996). Puig otorga visibilidad a una zona de la cultura que refieren modos de ser, identidades que desarticulan las reglas del consenso.4 En este proceso generativo de una poética es posible leer también el debate del escritor por postular su entrada en el campo intelectual en busca de legitimidad y de su receptor.5

Inventada su propia “voz” - en Puig, su propia poética - el escritor produce textos que encuentran su articulación en los límites: entre la novela rosa, el melodrama, y el policial, entre el clishé, el camp y la parodia. Antes, los guiones -orígenes de su escritura - no establecían una distinción. Después, la poética de Puig entabla una divergencia y una ostentación, una visibilidad que cuestiona desde la práctica de escritura los sistemas de sentido. Producción, recepción y campo de luchas culturales quedan implicados desde estos comienzos en la escritura de la historia literaria, en la escritura de la historia.

Comunidad genérica y semiótica transgresora

La escritura de Puig se encuentra atravesada por una vertiente genérica en la que todos los textos encuentran su cita. El melodrama es el espacio privilegiado para quien centra sus preocupaciones en la cuestión del género (sexual y literario). Si con La traición los guiones devienen en una nueva ley genérica a través del desvío de una voz y del desplazamiento de la ley del deseo determinada por la cultura dominante, es posible afirmar que con su primera novela se funda también toda una línea de escritura que devuelve al melodrama su primitivo carácter popular. Consolidar la patria se había convertido en la causa de los modernos, y sus representaciones en el medio de conformar individuos que se mantengan sujetos a la nación. La literatura legítima era - durante los períodos nacionalistas latinoamericanos del siglo XIX - la que correspondía a estas características. Pero por debajo de lo reconocido se iba tejiendo un circuito de relaciones que subvertían el discurso nacional-estatal. Fue el melodrama el modo elegido para socavar esos proyectos de control y de desafiarlos (Masiello, 1995) a través de la representación del sentimentalismo de los excluidos. Una mitología de la intimidad iba conformando un nuevo imaginario estético y ético, y estas mismas características propiciaron otros usos que se apartaban de los populares. En ese fin de siglo los artistas se oponían al logos dominante de la sociedad burguesa y la reactivación de los mitos había sido un síntoma de ello. La mitología de la vida privada que conformaba el melodrama se había articulado con esos modos de resistencia ofreciendo un lenguaje alternativo a lo innombrado y a lo transgresivo como posibilidad. Modos del exceso versus logos burgués era la fórmula que luego sufre una conciliación cuando las transgresiones del melodrama sirvieron para establecer el modelo educativo regulador de las relaciones entre los sexos, relaciones que establecían las identidades deseadas en función de la conformación de la nación. El “estilo” - en el sentido señalado por Echavarren - que representaba los intereses de la clase marginada se convierte en la modalidad aristocrática y autoritaria. El decadentismo había representado otra manera de cuestionamiento del mismo orden burgués. Silvia Molloy refiere6 que en el siglo XIX las culturas se leen como cuerpos y éstos se representan para ser leídos como representaciones culturales. En este marco, la investigadora advierte en la pose decadentista una política, evidente cuando discrimina dos usos de una misma cita que realiza Rubén Darío para referirse a un “raro”. La cita es un precepto de la Cábala, citado a su vez por Villiers de l’Isle-Adam en La Eva futura: “Prends garde! En jouant au fantôme, on le devient” que utiliza en el ensayo de Los raros que dedica a Lautréamont y en Purificaciones de la piedad escrito después de la muerte de Oscar Wilde. Pero a la nominación de un afantasmamiento, de una desrealización implícito en la frase, Darío le introduce su giro interpretativo: jugar al fantasma lo llevó a la ruina por exceso de visibilidad. Es decir, la ostentación de la construcción fantasmática, para Darío, es la concreción de lo que no se puede decir, aquello que carece de visibilidad por innombrado, por carecer de un concepto. En este sentido también Masiello (1994), señala la carencia en el lenguaje nacional de términos que nominen la vida privada. Por tanto, Wilde juega a algo que no se nombra, y la pose lo convierte en lo innombrado, el ser homosexual. Un acto perverso de significación -“fue inicialmente un reo semiótico no un reo sexual” (Meyer, citado por Molloy) - se convierte en una pose política. A partir de Wilde, concluye Molloy, el fin de siglo problematiza el género, cuestiona modelos reproductivos y propone nuevos modos de identificación y nuevas economías del deseo. La hibridez, condenada por perturbadora del orden burgués, se enfrenta a su modelo.7 Por otra parte, la misma frase es citada por Arlt en “Escritor fracasado”, y a su modo - sin comillas - resume los avatares del escritor de la ficción, imagen de escritor “maldito” que el propio Arlt procuraba diseñar:8 fuera de las legitimaciones del campo intelectual, su literatura, como los fantasmas, no existe. Arlt representa el reo semiótico en este aspecto.9 Puig retoma, secretamente, el gesto decadentista y cita sus fantasmas en los papeles previos a La traición con el mismo sentido: nominar lo innombrable, pero en un contexto en el que la existencia del término innombrado agrega a estas fantasmagorías la marca del desasosiego. En su novela de comienzos los fantasmas nombran la historia familiar que se aparece por momentos como siniestra, siempre en relación a las pautas genéricas (cf. “Anotaciones en Collage”: viii, x, xxxiv; “Bloc”: anotación J, “Esquemas narrativos”: p. 393; en: Puig, 1996). Pero esta cualidad de lo siniestro reservada para la historia familiar, en contraposición a los films que concretizan el ensueño (con excepción del film contado por Herminia, lo demás fue eliminado) en El beso de la mujer araña deviene en inversión: la clausura de la celda es ahora la que cifra la utopía - que para realizarse necesita del encierro o del delirio - , al tiempo que el horror se representa en algunos de los fílms y en la historia que - apenas referida en el comienzo - vampiriza la de los personajes. La historia pública, indirectamente presente, se descubre, se devela abiertamente hacia el final. Mientras tanto, los fantasmas confluyen en la continuación de aquella semiosis que evoca la transgresión: vinculados a “los raros”, a la transgresión genérica señalada por Darío, constituyen un mito al que Puig lega una característica más. Caricatura de lo femenino, Molina es la ostentación que señala - de nuevo - la pose política, pero también la discriminación del dogmatismo que encierra al homosexual en la repetición del modelo burgués.10

El Mal metafísico

“Me preocupa más que los indios piensen que Maximiliano es Dios que si Europa piensa en nosotros. Méjico fue conquistada porque su pueblo creyó que un europeo era un dios. Esa es la causa inevitable. De César a Napoleón, los tiranos siempre hacen creer que son dioses: para existir deben ser objeto de la fe ciega de la gente. Una fe que esclaviza y no libera. Cuando la gente está suficientemente debilitada, el déspota se quita la máscara y entonces es tarde, porque la gente es esclava. Nuestra tarea es quitarle el manto de deidad y mostrarlo al pueblo mejicano como realmente es.”

Juárez (Dieterle)

En El beso hay una inversión en la economía narrativa referida a la inclusión de los films en el texto, que además encierra una operación diferente respecto de su primera novela: al minimalismo arquitectónico de La traición que concentra historias y que conforma una superproducción, le sucede una expansión de historias que constituyen ciclos, y una graduación que se sitúa al ritmo de la respiración de los personajes. A la inversión rizomática que renegaba de situar un centro de referencia a través de la proliferación, le sucede la inversión cíclica que reitera el mismo centro: Molina y Valentín. Los ciclos gradúan la relación entre ambos,11 pero también encubren la manifestación directa de la lectura política que - paradójicamente - la delata. Si en El beso de la mujer araña se lee una historia de amor en clave melodramática, esa historia remite a la narración de la historia de la vida nacional. A modo de ficción anticipatoria, Puig - teniendo in mente el último gobierno peronista - presenta a su vez una hipótesis sobre el futuro próximo a esos años: el gobierno militar de los 70.12

Algunas páginas manuscritas - previas a la elaboración de la novela - testimonian sobre sus encuentros con ex-presos políticos que habían sido liberados por Héctor Cámpora, y sobre el modo flaubertiano de trabajo, la necesidad documentalista que lo lleva a una etapa de investigación exhaustiva. El secuestro del industrial Salustro, los fusilamientos de Trelew, Santucho, el nombre del jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP ), dibujos que representan planos de la cárcel, sintagmas que exponen la jerga de los presos, horarios de rutinas, y hasta referencias a formas de tortura aparecen entre esas anotaciones. Dos aspectos, además, merecieron esa etapa de investigación: uno relacionado con la elaboración de las notas sobre homosexualidad, para la cual había recopilado datos de diversas fuentes que decide “mechar” en el cuerpo de la novela (mechar /fragmentar habían sido los procesos generativos de su primera novela, Puig, 1996); otro, representado en la elaboración del film de propaganda nazi, para lo cual había indagado en una biblioteca pública de Nueva York con la preocupación de detectar los recursos y el vocabulario que utilizaba el Nacional-Socialismo. De la etapa de búsqueda de material, propio del modo de trabajo del escritor, al producto terminado media la operación de escamoteo que difiere el desciframiento, el mecanismo que pone en marcha toda una teoría del arte de narrar13 provocadora de interés, pero además instala una práctica de lectura - implícita en la narración de las historias - que es ideológica. Las referencias culturales de La traición son leídas/contadas/escritas como melodramas. Juárez, el film político es visto por Mita en lo que respecta a la historia amorosa que trasciende la finitud de la existencia e instala la ideología del amor más allá de la muerte, obviando la perspectiva de la causa popular. La mirada cegada que necesitan los tiranos para regir - a la que se refiere el epígrafe de esta sección - es proporcionada por una suerte de representación metafísica a la que incurre particularmente el género melodramático en el siglo XX. Al margen de la recurrencia al género que diferentes conducciones políticas hicieron de él,14 la retórica melodramática, mostrada por las novelas de Puig, enseña la ceguera y el enrolamiento sentimental en las filas del esencialismo metafísico.15 Esencialismo del amor, del fracaso, del sacrificio, de la virtud, de los géneros y las naciones, el melodrama propicia una mirada fantástica que concibe lo real como fatalidad abstraída de la historia. El thriller de horror representa su contrapartida por la ostentación de lo siniestro, pero tiene - sin embargo - su correlato con el melodrama en esa mirada, que ahora aparece justificada por la legalidad genérica. La representación de lo aciago y lo funesto encuentran, entonces, su vinculación en la fórmula de lo inexplicable, el mal metafísico.16

Un pasaje relacionado con Drácula en las primeras versiones de La traición es desechado luego de su economía narrativa, pero constituye una matriz generadora que se hará presente en la primera novela del exilio, y que es considerado en una posibilidad posterior. Anteriormente, otras posibilidades estaban contempladas: por un lado, dos fichas de presos que esbozarían el perfil de ambos personajes pero que significaba, según las anotaciones previas a la redacción, la carencia de un “gancho” suficiente, enfrentándose a su narrativa de la seducción.17 Por otro lado, un “prólogo” que enunciaba, en un primer esbozo: “ yo me estoy por morir, no me queda tiempo de nada, por favor no me vengan con vueltas, no pido más que lo que me corresponde, los condenados a muerte tienen derecho a pedir algo siempre ¿verdad? y yo que me voy a morir porque me han herido de muerte quiero dar un beso a mi mamá, que llegue preciosa como la Virgen María. Así tengo que pedir ya lo que quiero” , que iría asociado a elementos de los films18 y que tenía la función de dar “una visión extraña de F19 al morir, algo así que da como puntadas ocultas a lo largo de capítulos y film stories, algo en una primera persona misteriosa que no se sabe quién es”. Establecidas las historias - que serían contadas en un principio por ambos personajes - y luego de considerar la propaganda nazi como primer film,20 el siguiente paso sería la supresión de aquel prólogo, después de alterar el orden: el reemplazo de la historia nazi por el de la mujer pantera. Ya que el prólogo hubiese determinado una redundancia informativa,21 inferimos, el primer film hereda aquella característica de enhebrar las “puntadas ocultas” que se darían a lo largo de la novela.

La marca, el secreto, la traición

“Así como la niebla se instala en los valles, del mismo modo se adhiere el pecado a los lugares bajos,... a las depresiones de la conciencia del mundo”.

La anatomía del atavismo, Dr. Louis Jude.

Epígrafe del film Cat People, 1942.

Con Cat People Jacques Tourneur inaugura una trilogía - junto a I walked with a zombie y The Leopard Man - que reformula el esquema clásico del cine de horror de los 30: Frankenstein, Drácula, La momia, El hombre lobo. En ese primer film la fatalidad está representada por esa marca atávica por la que algunas mujeres se convertirían en pantera si besaran a un hombre, una “maldad interna” las obligaría a matarlo (el uso del lenguaje también encierra un designio ético). El relato de la leyenda surge a partir de un diálogo de la protagonista con el arquitecto sobre la estatuilla del rey John exhibida en su departamento. El héroe nacional ostenta una espada con la que atraviesa un gato, símbolo del mal, y alude a la historia de una invasión: los mamelucos habían llegado a Serbia, de donde Irena es oriunda , y desencadenaron una suerte de degradación nacional invirtiendo los preceptos del pueblo, los que antes eran adoradores de Dios devinieron en adoradores del diablo. Aquel rey los liberó de ese mal, pero los más sabios y malvados escaparon a las montañas. La historia mítica luego se cruza con la psicoanalítica: el Dr. John, nombre del psiquiatra que alude al del rey libertador, descubre en su paciente la marca que tratará de subsanar a través de la develación. Una historia alojada en el inconsciente de Irena le adjudicaba a su propia madre la condición de mujer-gato porque su padre - a quien no conoció - había muerto en un extraño accidente. Esta historia provocaba la irrevocable creencia de ser ella una de las descendientes malditas. En contrapunto con el uso del psicoanalisis que realiza Hitchcock, el film de Tourneur puede leerse como su intertexto irónico, que Puig va a contabilizar para usarlo en el relato de Molina. La figura del psiquiatra deja entrever otros intereses que desplazan su función: el deseo del Dr. John comienza a interferir en la terapia. Esta característica unida a la resolución fantástica que impone la transformación de Irena en pantera a pesar de las jactancias, ridiculizan al personaje, que quiso ofrecer su cura besándola y demostrándole su descreimiento en relación a esa supuesta herencia fatal. La doble naturaleza - mujer y animal - conviven en una identidad que desestabiliza y provoca malestar, en una mezcla signada por la sumisión a conceptos más englobadores. Patria y nación se imponen como modo de regularla: la compatriota serbia representa esa instancia de control de la economía genérica, del “ser nacional”, a quien Irena inevitablemente traiciona. Entre la lealtad a su raza, regida por un sistema patriarcal, y la lealtad a sí misma, a la pasión que se ha despertado en ella, Irena importa una transgresión a la norma, por tanto será vencida, como Drácula, con una cruz o una estaca: el bastón del Dr. John transformado en espada alude al mítico rey vencedor del mal. Algunos versos de los “Holy Sonnets” del poeta metafísico John Donne terminan con la enseñanza, y con el film: “Pero el negro pecado ha traicionado/ A la infinita noche./ Mi mundo, ambas partes, y / Ambas partes deben morir”.

Relatado por Molina, el dato político se disimula y a cambio se subrayan otros aspectos que no están presentes. Sugiriendo el vampirismo, se dice que Irena proviene de las cercanías de Transilvania y que estudió Bellas Artes en Budapest, un dato de importancia si se tiene en cuenta que en el manuscrito se lee una enmienda con otro nombre, Bucarest. El reemplazo sugiere aquel cuento de Cortázar, “Lejana”, en que la protagonista padece su doble naturaleza y también es víctima de ella. La imagen de lo edípico se hace presente en el recuento de Molina cuando compone el pasaje en el que el arquitecto invita a Irena a su departamento, - en el film es el departamento de ella - decorado por su madre según una estética de fin de siglo. El relato de la leyenda ostenta todo el arte narrativo de Molina-Puig, mise en abyme que reitera la instancia del suspenso: los pasos en la nieve de la pantera que persigue a su presa se sobreimprimen en la imagen del relato de la persecusión de Irena a la arquitecta en la nieve del Central Park. La marca de una identidad fuera de la serie prevista, el secreto con el que convive mientras no sale a la luz, la traición a los mandatos de la raza, no remiten más que a la misma cuestión: el enfrentamiento entre sujeto y nación, la problematización de las identidades que aparecen naturalizadas por la leyenda del Estado.

El film explícitamente político de la novela es “Destino”. La protagonista, al igual que Irena es también un personaje fronterizo: de la frontera alsaciana, oscilará entre dos lealtades, entre el amor a su patria francesa y el amor a su amado. Leído por Molina, el escamoteo del dato político da lugar a una importante nota al pie que, de esta forma, queda homologada en su función a las demás notas. La correspondiente a este film ostenta desde la hiperbolización el mandato genérico desde la perspectiva del fascismo, conformado por la propaganda de Goebbels y Rosenberg. Molina lee -cuenta- el melodrama, el relato en el que muestra más abiertamente los puntos de contacto con la metafísica que la ideología nacional-socialista había retomado - e interpolado - de las ideas del primer Nietzsche. En El origen de la tragedia se leen fragmentos que sirvieron a la causa para infundir la ideología patriótica:

“toda cultura, si le falta el mito pierde su fuerza natural, sana y creadora: sólo un horizonte rodeado de mitos otorga cerramiento y unidad a un movimiento cultural entero”. Además: “Las imágenes del mito tienen que ser los guardianes demónicos, presentes en todas partes sin ser notados, bajo cuya custodia crece el alma joven, y con cuyos signos se da el varón a sí mismo una interpretación de su vida y de sus luchas, y ni siquiera el Estado conoce leyes no escritas más poderosas que el fundamento mítico, el cual garantiza su conexión con la religión, su crecer a partir de representaciones míticas”. (Nietzsche, 1870)

Adelantando las teorías sobre las comunidades imaginadas y la invención de tradiciones para la conformación de la nación, lo que leemos en Nietzsche es la necesidad del mito, que significa la capacidad de un pueblo de aceptar su destino trágico en función de un s político trascendente. En esta lógica de lo intemporal,

“el valor de un pueblo - como, por lo demás, también el de un hombre - se mide precisamente por su mayor o menor capacidad de imprimir a sus vivencias el sello de lo eterno: pues, por decirlo así, con esto queda desmundanizado y muestra su convicción inconsciente e íntima de la relatividad del tiempo y del significado verdadero, esto es, metafísico de la vida.”

El film, además de codificar los lugares de hombres y mujeres en la gesta de la resurrección alemana, alecciona en el mismo sentido que Nietzsche: el destino trágico de Leni trasciende el mundo apariencial e individual en pro de los intereses patrióticos. La patria francesa y la patria alemana son ahora las dos naturalezas que propician las “marca” de la espía, el secreto - el lugar del arsenal- y la traición: entre los maquís y el oficialismo nazi, su develamiento deviene en la muerte y en una estatua que estéticamente inmortalizará su existencia. Recordemos, en este punto, que en el mismo texto Nietzsche afirma que “nuestra suprema dignidad la tenemos en significar obras de arte, pues sólo como fenómeno estético están eternamente justificados la existencia y el mundo.” Es la misma atmósfera que respira el capítulo de Herminia en La traición, en el que está presente la música de Wagner, el músico privilegiado por el filósofo y por el “Conductor” del III Reich. Pero mientras que en el discurso de Herminia el esteticismo se vacía en decepción,22 este segundo film contado por Molina se sostiene en un discurso netamente reaccionario: en él, el “mal metafísico” se hace presente abiertamente en la simbología Kitsch. Poderoso en la creación de símbolos, el Kitsch concibe, según Broch, el devenir histórico como imagen especular de lo eterno, y a la que se refiere el mismo nombre del film: la fatalidad de “Destino” conforma el mandato donde patria e individuo se leen como Uno.23 En el margen, la resistencia, la diferencia que resiste, la marca del rengo, el judío acaparador, el chivo expiatorio que lleva la culpa de la crisis capitalista.

En el film que Molina se cuenta a sí mismo es claro el planteo del esquema: la marca que afea al aviador, la cicatriz de la guerra, crea una vida en secreto a la que la pareja se debe sumir para poder ser feliz, pues la traición a esa condición provoca la ruptura del encantamiento. El dato político se reduce al máximo y se deja el resquicio de la ceguera social como única posibilidad de su continuidad, condición que se ve acentuada por la ceguera del pianista que relata, a su vez, la historia. Un alma bella se esconde secretamente detrás de la apariencia deleznable y la trasciende por el poder esencial del amor que ve el mundo del espíritu. En cierto modo la misma lógica que en el film anterior se hace presente y legitimiza el discurso.

El film de la carrera de autos en Le Mans, contado casi sin detalles por Molina, deja mojones temáticos que movilizarán a Valentín para continuarlo, en sueños. La culpa funciona aquí como la “marca” que el hijo del personaje burgués debe sobrellevar secretamente: la culpa de la acumulación paterna, la culpa del “abandono” materno. Entre la ley paterna, que impide que su hijo intervenga en la causa guerrillera y el mundo burgués, ocupa el lugar del traidor. Molina termina el film con un final melodramático que recuerda una letra de bolero: la separación de los amantes que aunque se quieren no pueden convivir por pertenecer “a un mundo diferente”. Un secreto se compone en contraposición, en la continuación soñada por Valentín, y revela una ceguera: la intriga gubernamental que supuestamente provocó la muerte del padre del muchacho conlleva también la dimensión de una intriga familiar, al modo shakespeareano. La develación es propiciada por una muchacha guerrillera, una campesina que había sufrido la explotación de su amo y que denuncia el complot del administrador de la estancia - también jefe del servicio secreto de la acción contrarrevolucionaria -, con la propia madre del corredor de autos. El suceso, está claro, sirve para introducir la problemática edípica que, como en la tragedia griega, no se desliga de connotaciones políticas. El lugar del traidor determina los sucesos que siguen, la confesión de la madre que restaura el nombre del padre, las ejecuciones, la acusación, la culpa de hijo, la culpa de clase.

“La vuelta de la mujer zombi” es la reescritura de otro film de Tourneur, I walked with a zombie, a su vez reformulación de la novela Jane Eyre de Charlotte Brontë (1847), según declaraciones del director (VV.AA., 1988). Como en Cat people nuevamente tiene aparición la personificación del mal, la doble naturaleza está presente ahora en el mayordomo- brujo, quien detenta el poder de la isla y la magia del vudú. La extrañeza de varias situaciones provocan la inquietud de la protagonista, quien consigue que una mujer le cuente la historia ignorada. El “secreto inconfesable” que el flamante marido ocultaba comienza con la historia de su padre, “un hombre sin escrúpulos, pero como pocos, que había llegado a la isla a enriquecerse y trataba muy mal a los peones de las plantaciones.” Ante la rebelión que se estaba preparando, el padre y el brujo acuerdan la conversión de los trabajadores en zombis, hombres sin voluntad propia que facilitarían la acumulación. El hijo, protagonista del film, quiso apartarse de los designios de su padre y había quemado las chozas y a los zombis. Ante la amenaza del brujo de matarlo, la primer esposa del muchacho se ofreció en sacrificio para salvar a su amado, a través de una mentira: le dice a su esposo que lo abandona para irse con el brujo, lo que desencadena que la daga envenenada destinada al muchacho la reciba la mujer, que también se convierte en zombi y que el brujo sabrá explotar, sexualmente. La extorsión del brujo - por la que guardaría ese secreto si se le permitía seguir con sus ritos - sella el pacto y la infelicidad. La herencia maligna, la marca atávica, se rompe con una fatalidad que obra en sentido positivo, un rayo ensordecedor fulmina al brujo. La segunda mujer, que también hubiese heredado el mal de ser convertida en zombi, no quiere más que olvidar y se toma el barco que la había traído a la isla, dejando atrás el incendio de lo que había sido el paraíso de la explotación.

El último film es un collage de tópicos de films mejicanos, entre los que se identifican algunos sucesos de Hipócrita, de Morayta. Un contrapunto entre las acciones y los boleros incluidos se conjugan para dar lugar a un melodrama puro: el tema del amor unido al de fatalidad que trae el desencuentro y la desgracia de los amantes permite nuevamente identificar la marca, el pasado oculto detrás de la máscara de carnaval de la primera escena (en el film Hipócrita acentuado por un tajo en la cara, que denuncia la marca del traidor). El pasado estará en relación, nuevamente, con la dependencia mercantil femenina y la prostitución que se enlazan con el motivo de la “hipocresía” por amor - que aparece nuevamente - y el padecimiento abnegado, que de todos modos será inútil.

En todos los films está presente el planteo gótico de la identidad distorsionada y la doble naturaleza, la creación de una atmósfera de extrañeza que cuestionan la noción de normalidad. Mise en abyme de la historia, se relata el vampirismo presente en los sistemas autoritarios - explotación del sistema, autoritarismos paternalistas, “brujerías” y fascismos - que aparecen como opresivos en lo referente a las leyes genéricas (género sexual - la “escuela de la explotación”, según Puig - y su enfrentamiento con el Estado).

Las “puntadas ocultas” enhebran - como dice Welles - “los mensajes de otro mundo”, “el corazón del gran secreto”: las claves de la intimidad histórica, el enfrentamiento con el orden estatal, el melodrama que narra los conflictos sociales borroneados de referente. Es el secreto que oculta la marca del pasado y reclama ser leído: una reflexión sobre las identidades y un “estilo” que las desestabiliza, una cadencia sin territorio que evoca los espacios afantasmados de la marginalidad. Ocultamiento seductor, ocultamiento cifrado, las novelas de Puig encierran la provocación, el interés, la remuneración narrativa que lee la historia desde el melodrama y enseñan una forma oblicua de mirarla.

NOTAS

1 Me refiero a la novela sentimental del siglo XIX como a las representaciones tardías, Kitsch de la primera mitad del siglo XX, que trabajan anacrónicamente con aquellos modelos. Cf. Delly, una escritora que Puig tenía muy presente en el momento de la redacción de su primera novela, La traición de Rita Hayworth. (Ver “Anotaciones en Collage”, en: Puig, 1996).

2 El buen gusto puesto en escena en el mundo burgués de Ball Cancelled, lo Kitsch y lo cursi en La tajada. Ver “De monólogo al estallido de la voz”, en Puig, 1996, p. 460.

La referencia al tango - menos evidente en La traición - aparece cifrada en la carta de Berto: la muestra de la debilidad masculina, los sentimientos de fracaso, la inversión que revierte las representaciones opresivas del imaginario en relación a las relaciones entre los géneros.

3 Cf. Nota 3 en “Pájaros en la cabeza”, en: Puig, 1996.

4 La moda es tradicional. aristocrática y autoritaria. Es el imperio del diseño concebido como el privilegio de una clase. El estilo es marginal, minoritario, viene de abajo, es el juego de la diferencia, la marca de una anomalía. “El pintor de la vida moderna”, de Baudelaire es la fuente más fecunda para caracterizarlo, según el crítico.(Echavarren, 1996).

5 En este sentido, Pierre Bourdieu reconoce la fuerza explicativa que alcanza el análisis del material preparatorio de las obras literarias y de las versiones sucesivas de un texto, si ese material es entendido como un trayecto recorrido en medio de las posibilidades y limitaciones estructurales de un campo cultural y que permite el conocimiento anticipado de la recepción probable (Bourdieu, 1992, pp. 277-278 de la edición francesa).

6 Molloy, 1994.

7 El Estado liberal ejercía una política cultural que “construye clases y géneros sociales, culturales y sexuales: una serie de categorías, un mapa que sirve como clasificación para el mundo privado” y frente a las cuales delimita también sus enemigos, porque amenazan la vida privada imaginada por la coalición estatal al violar las leyes de educación y matrimonio.” Ludmer, J., 1995.

8 El lugar común cita el encuentro de Arlt con la Cábala, pero también con el modernismo.

9 En Respiración artificial, de Ricardo Piglia, uno de los personajes afirma que Arlt es lo reprimido de la cultura argentina.

10 Remito a la nota de la mentada Dra. Taube en la novela, donde se critica la actitud imitativa de los homosexuales que reproducen “los defectos de la heterosexualidad” refiriéndose al modelo burgués hombre fuerte-mujer débil.

11 Se ha analizado suficientemente la doble exposición en la cuarta novela de Puig: la narración de los films que refieren en forma cifrada la relación entre Molina y Valentín y que la modifican gradualmente hacia el final. Cf. Oviedo, 1977; Amícola, 1992.

12 Esta característica sirvió de motivo para haber sido incluida entre la “literatura del Proceso”. (Cf. la compilación de ensayos de Balderston y otros, 1987. )

13 Remito al estudio de Alan Pauls (1988) donde desarrolla la teoría. Tachar, descartar posibilidades habían sido operaciones bastante frecuentes en el proceso generativo de La traición.

14 En el caso alemán, el melodrama fue el género al que recurrió insistentemente la propaganda nazi, más; en el caso argentino los discursos de Eva Perón. Cf. los documentos incluidos en Milceades Peña, 1973.

15 De todos modos existía una vertiente crítica del melodrama: cf los films de Wyler, Douglas Sirk.

16 Es interesante recordar que El mal metafísico es el título de una novela de Gálvez, de 1916, con marcados aspectos melodramáticos.

17 En uno de los esquemas narrativos: “Prólogo. Se necesita ganchísimo. Tal vez fichas presidio. Primer problema: homo no es gancho enough-ok-solved” junto a la duda: “Eliminar?”

18 La anotación dice: “Prólogo (con elementos de cottage y caribeña among others)”. “Cottage” se refiere a lo que sería el tercer film, identificado con Enchanted Cottage, de Cromwell; “caribeña”, al “cuento feliz”- tal como es referido en algunos esquemas narrativos-, el último film que cuenta Molina.

19Folle, para referirse a Molina, es un término frecuente en las anotaciones previas de esta novela como también en La traición de Rita Hayworth, para referirse a Toto.

20 Desarrollo en detalle la evolución de las posibilidades consideradas para los films en el estudio

crítico-genético “El beso de la mujer araña: las reescrituras de los films”(de próxima aparición).

21 En la entrevista llevada a cabo en la Universidad de Göttingen (Alemania), refiriéndose a Cat People Puig relataba que cuando vio el film en Nueva York, se dijo “Aquí está todo, todo en esta película me ayuda para introducir a los personajes, es ideal”. En: Amícola, 1992.

22 Decepcionada del ideal esteticista, Herminia se vuelca hacia una lógica pragmática que rebaja los ideales a la inmediatez: “Me cambiaría por cualquier ama de casa, y tener mi casa, mi radio, mi baño, y un marido no demasiado bruto, que sea soportable, nada más.”

23 En la concepción de Nietzsche el Uno Primordial es el principio metafísico de la transindividualidad. La fragmentación entre el espíritu y la carne es el planteo de la ópera Tannhäuser y el torneo de cantores en el Wartburg, de Richard Wagner, que obedece a la misma lógica.

BIBLIOGRAFÍA

AMÍCOLA, J.,

1992 Manuel Puig y la tela que atrapa al lelctor, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoa-

mericano.

BALDERSTON, D. y otros,

1987 La narrativa argentina durante el Proceso militar, Buenos Aires, Alianza/Institute for the Study ok Ideologies & Literature.

Bourdieu,

1992 Les règles de l’art. Genèse et structure du champ littéraire, Éditions du Seuil, París.

Broch, H.,

1970 Kitsch, vanguardia y el arte por el arte, Barcelona, Tusquets, 1979.

Echavarren, R.,

1996 “El arte andrógino”, en: “La Hoja del Rojas”, Universidad de Buenos Aires. Año VIII, N° 73, agosto de 1996.

LUDMER, J.,

1995 “1880: los sujetos del estado liberal”, En: Orbe,K. (comp.), La situación autobiográfica, Buenos Aires, Corregidor.

MASIELLO, F.,

1994 “Estado, género y sexualidad en la cultura del fin de siglo”, en: Ludmer, J., (comp.) Las culturas de fin de siglo en América Latina, Rosario, Beatriz Viterbo Editora.

1995 “ ‘Horror y lágrimas’. Sexo y nación en la cultura del fin de siglo”, en González

Stephan, B. y otros (comp.) Esplendores y miserias del siglo XIX. Cultura y sociedad en América Latina, Monte Avila Editores.

MOLLOY, S.,

1994 “La política de la pose”, en Ludmer, J. (comp.). op. cit.

NIETZSCHE, F.,

1870 El nacimiento de la tragedia (trad. de A. Sánchez Pascual), Madrid, Alianza, 1983.

OVIEDO, J. M.,

1977 “La doble exposición de Manuel Puig”, en: Eco, Bogotá, N° 192, oct. 1977.

PAULS, A.,

1986 La traición de Rita Hayworth, Buenos Aires, Hachette.

PEÑA, M.

1973 Peronismo. Selección de documentos para la historia, Buenos Aires,

Ediciones Fichas.

Puig, M.,

1996 Materiales iniciales para La traición de Rita Hayworth, José Amícola (comp.),

Publicación Especial N° 1 de la Revista “Orbis Tertius”, Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria, Universidad Nacional de La Plata.

VV.AA., Jacques Tourneur, San Sebastián - Madrid, Festival Internacional de Cine De San

1988 Sebastián, Filmoteca Española, 1988.